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viernes, 3 de julio de 2026

5ª ENTRADA. MUJERES PINTORAS. MARIETTA ROBUSTI. SOFONISBA ANGUISSOLA.

 

    

   5ª Entrada.LA MUJER EN EL ARTE DE LA PINTURA

Buen día para mis seguidores. Os agradezco compartáis el blog con amigos y amantes de la cultura, para reconocer la valía de mujeres que contribuyeron con su talento a la expresión de la especie humana. Muchas gracias. Hasta aquí 5ª entrega para blog. http//: trinidadromero.blogspot.com. 3 de julio de 2026.

                                    DEL RENACIMIENTO AL SIGLO XVII.

En el  tránsito de la Edad Media al Renacimiento, CRISTINA DE PISÁN, escritora de principios del XV, respondía  a los ataques de Lean de Meum y de Boccaccio diciendo que no podía entender cómo los hombres escribían de forma tan demoledora contra la mujer, cuando le debían la existencia. Les hacía Cristina de Pisán una pregunta que durante muchos siglos ha estado sin respuesta: ¿Cómo se va a entender a las mujeres, y más aún si son artistas, si todos los libros los escriben los hombres?

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La sociedad Occidental nunca consideró a la mujer plenamente como una persona, sino un ser al servicio del patriarcado, cuya principal función era la reproductora.

 

El panorama para la mujer no mejoró con la llegada del Renacimiento. En la Florencia del Siglo XV, los historiadores señalan el nacimiento del estado moderno con los inicios del capitalismo y el creciente aumento de la burguesía. Se produce EL IDEAL DEL HOMBRE EJE Y CENTRO DEL UNIVERSO. La obra del hombre es paralela a la obra de Dios.

 

Ese androcentrismo siguió excluyendo a la mujer. Todo un testimonio lo encontramos en la obra “La Familia”, de León Bautista Alberti (Siglo XV), donde se resumen los ideales de los nuevos tiempos. Basándose en la obra del Siglo IV a.d.C. “Económica”, de Jenofonte, abandera las virtudes de la castidad y la maternidad en la mujer. Además de modesta, pura, pasiva y fiel, se pueden resumir sus ideas en las siguientes palabras: “Difícil nos sería respetar el que vuestra mujer se dedicara a negocios entre los hombres en la plaza del mercado, a la vista del público”.

 

Los gremios de artesanos se habían desarrollado a lo largo de la Edad Media. El artista, encuadrado en su correspondiente gremio, firmaba sus obras para dar fe de que la había realizado siguiendo las exigencias del patrón del taller. La firma era una especie de etiqueta de control de su trabajo y no una identificación del artista.

 

Paralelamente a la labor de los gremios, que defendían los intereses de los artistas, se crean las Academias. Estamos ya en el Siglo XVI, precisamente llamado el Siglo de las Academias. En estas instituciones se enseña, entre otras materias, perspectiva y anatomía humana.

 

La separación de Academias y Gremios empieza a marcar las diferencias entre artistas y artesanos. Se considera que la obra del artista es la obra grandiosa que utiliza los nuevos lenguajes visuales basados en la perspectiva y en el realismo de la anatomía humana.

 

Pero a las mujeres se les niega el acceso a las Academias y, por lo tanto, a los estudios que le permitirían realizar esa obra grandiosa llamada obra de artista. Se la relega al papel de artesana

 

No es extraño, pues, que De Vasari, considerado el padre de la Historia del Arte, en su segunda versión de “Vidas de los Artistas”, en 1568, nombre sólo a trece mujeres, calificándolas como excepciones de la naturaleza.

 

Pero, pese a todos los condicionamientos sociales, surgieron pintoras como Marietta Robusti.

 

Marietta Robusti nació hacia 1560, y fue la hija primogénita de Jacobo Robusti. Tuvo el privilegio de trabajar durante quince años, al menos, en el taller de su padre, que no era otro sino el gran Tintoretto.Le llegaron propuestas para trabajar en las Cortes de Maximiliano II de Austria y de Felipe II de España, pero su padre le negó el permiso para salir de Italia. Por el contrario, le buscó por esposo a Jacobo D’Augusta, síndico del gremio de plateros de Venecia, a quien se prometió con la condición de que no saliera de su casa. Murió de post-parto a los treinta años.

 “Retrato de un anciano y un muchacho”

 

 Este cuadro que estamos viendo, titulado “Retrato de un anciano y un muchacho”, fue considerado uno de los más bellos retratos del Tintoretto. En 1.920 se descubrió que estaba firmado con el monograma de Marietta. Sus pinceladas son muy similares a las de su padre. En la actualidad sólo se le atribuye esta obra, pero Carlo Ridolfi, historiador del Tintoretto, considera que hizo también los retratos de todos los miembros del gremio de plateros.

Hay que considerar que la genialidad atribuida al Tintoretto está, en parte, basada en su “velocidad sobrehumana” para pintar; en su superproducción. Hoy se estudia qué parte de esa genialidad debe atribuirse a Marietta; qué cuadros de Marietta fueron firmados por el Tintoretto, por aquello de la firma, que, por lo visto, los productos de marca no son cosa de ahora.

Su figura no sólo fue valorada en su tiempo. Los pintores románticos, como Leon Cogniet en su obra “Tintoretto retratando a su hija muerta”, la utilizó de modelo. Otro tanto hicieron Karl Girardet y Eleuterio Pagliano. También George Sand la incluyó en una de sus novelas.

 Marietta fue una persona y una artista que se sintió movida por las inquietudes culturales del Renacimiento. No sólo fue pintora, sino que aprendió música y se preocupó de desarrollarse culturalmente. Pero al final, resultó conocida, más que como pintora, en el pasivo papel de musa, que es, como dije antes, el puesto que la historia del arte nos ha asignado hasta este siglo.

 Unas circunstancias muy diferentes rodearon a otra de las grandes mujeres de la pintura: 

 Sofonisba  Anguissola.

Nació en Cremona, en la Lombardía italiana, en 1.532 (1.540 para algunas fuentes), en el seno de una familia de la nobleza baja. Su padre, Amilcare Anguissola, participaba de las ideas humanistas del Renacimiento, que inculcó en sus siete hijos, seis de los cuales eran mujeres. Envió a Sofonisba y a su hermana Elena a estudiar pintura con el profesor Bernardino Campi. A su vez, Sofonisba fue profesora de su hermana Lucía y, probablemente, también de su hermana Europa.

 

Amilcare fue lo que, en el lenguaje de hoy, llamaríamos un marchante, un magnífico marchante, de su hija mayor: mantuvo correspondencia con Miguel Ángel, a quien envió obras de Sofonisba. Tuvo contactos con el Gobernador de Milán, por quien supo el Duque de Alba de Sofonisba, hablándole de ella a Felipe II. Sofonisba estuvo en Madrid desde 1559 hasta 1580 como dama de compañía y profesora de pintura de Isabel de Valois, tercera esposa de Felipe II.

 En realidad, se sabe poco de la etapa española de Sofonisba. Es posible que parte de su obra desapareciera en el incendio del Palacio Real en el Siglo XVII. En Madrid mantuvo contactos con las mujeres cultas de la Corte, como la pintora, poetisa y música Isabel Sánchez Coello y la Princesa de Éboli.

 Isabel de Valois, al morir, le deja tres mil ducados para su dote y casamiento. Vuelve a Italia y se casa con un candidato buscado por Felipe II: el noble Fabricio de Moncada, hermano del Virrey de Nápoles. Enviuda y se vuelve a casar. Vive en Génova en medio de una gran popularidad. Imparte clases y muere en Palermo sobre los 93 años. Había pintado durante más de setenta y habían vivido de su arte ella y su familia.

 Contribuyó al arte con la aportación del verismo y naturalidad de su pintura.

 

 Isabel de Valois” 205 X 123 cms


 

Se puede observar en este retrato de Isabel de Valois la naturalidad de la figura, el dominio en el tratamiento de las telas, los encajes y las joyas, y la sobriedad de su composición.

1.     FELIPE II 88 X 72


 Este retrato, pintado en 1565, es uno de los más conocidos y reproducidos de Felipe II. Este cuadro, como el anterior de Isabel de Valois pueden verse en el Museo del Prado.

 En esta época se queja en carta a B. Campi de no tener tiempo para pintar.

 Sofonisba Anguisola fue quien se hizo más autorretratos de toda la época renacentista. ¿Sería por falta de medios -es decir, de modelos- o por vanidad? También pudo ser porque se puso de moda comprar autorretratos de pintores. El  comprador tenía el orgullo de poseer una obra de arte, junto con el artífice de la misma.

AUTORRETRATO 66 X 60cms. Col.  Federico Zeri.

 


En este autorretrato la vemos pintando, ayudándose de un tiento. Sus ojos son de mirada serena y penetrante. Su vestimenta es austera, y no pierde el porte y la compostura.

 La espineta”

 

En este otro cuadro, parece ser que es ella misma, tocando la espineta; sin embargo, otras fuentes sostienen que se trata de su hermana Lucía, que murió joven, y quizás por eso hizo este retrato. La figura que aparece al fondo puede ser un ama, y la volveremos a ver en “La Partida de Ajedrez”.

 LA PARTIDA DE AJEDREZ 160x120 cms.


 


Se trata de un cuadro muy bello. Está bien resuelta la perspectiva del tablero, y la profundidad del paisaje, muy perdido, poco nítido, dando así la sensación de lejanía, que es una forma de perspectiva pictórica. También contribuye a la sensación de profundidad el árbol de detrás de las figuras.

 Las manos, todo un reto para los pintores, están resueltas con maestría.

 Se considera que es la inventora de los retratos familiares. “La Partida de Ajedrez” y el cuadro que vamos a ver a continuación son una muestra.

Retrato de Familia. Observese el fondo con el paisaje, que nos recuerda al de la Monna Lisa de Leonardo da Vinci

 


Baldinucci, su primer biógrafo, dijo de ella a mediados del siglo XIX que la pintura fue “il suo minore ornamento”, es decir, que la condición artística de Sofonisba fue valorada como un añadido a sus otras virtudes, propias de una dama del Renacimiento que se preciara: noble cuna, recatada, discreta, bella, austera, etcétera, etcétera, etcétera... Es razonable preguntarse: ¿fue tan inteligente que supo aprovechar todos esos factores para poder expresarse? Lo que es indudable es que detrás de aquella gran mujer hubo un gran padre, de quien recibió un notable impulso en sus comienzos.

Os deseo un buen día. 3 julio 2026.

 


 

 

 

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