5ª Entrada.LA MUJER EN EL ARTE DE
LA PINTURA
Buen día para mis
seguidores. Os agradezco compartáis el blog con amigos y amantes de la cultura,
para reconocer la valía de mujeres que contribuyeron con su talento a la
expresión de la especie humana. Muchas gracias. Hasta aquí 5ª entrega para
blog. http//: trinidadromero.blogspot.com. 3 de julio de 2026.
DEL RENACIMIENTO AL SIGLO XVII.
En el tránsito de la Edad Media al Renacimiento,
CRISTINA DE PISÁN, escritora de principios del XV, respondía a los ataques de Lean de Meum y de Boccaccio
diciendo que no podía entender cómo los hombres escribían de forma tan
demoledora contra la mujer, cuando le debían la existencia. Les hacía Cristina
de Pisán una pregunta que durante muchos siglos ha estado sin respuesta: ¿Cómo
se va a entender a las mujeres, y más aún si son artistas, si todos los libros
los escriben los hombres?
.
La sociedad Occidental nunca consideró a la mujer
plenamente como una persona, sino un ser al servicio del patriarcado, cuya
principal función era la reproductora.
El panorama para la mujer no mejoró con la llegada del
Renacimiento. En la Florencia
del Siglo XV, los historiadores señalan el nacimiento del estado moderno con
los inicios del capitalismo y el creciente aumento de la burguesía. Se produce
EL IDEAL DEL HOMBRE EJE Y CENTRO DEL UNIVERSO. La obra del hombre es paralela a
la obra de Dios.
Ese androcentrismo siguió excluyendo a la mujer. Todo
un testimonio lo encontramos en la obra “La Familia”, de León Bautista Alberti (Siglo XV),
donde se resumen los ideales de los nuevos tiempos. Basándose en la obra del
Siglo IV a.d.C. “Económica”, de Jenofonte, abandera las virtudes de la castidad
y la maternidad en la mujer. Además de modesta, pura, pasiva y fiel, se pueden
resumir sus ideas en las siguientes palabras: “Difícil nos sería respetar el
que vuestra mujer se dedicara a negocios entre los hombres en la plaza del
mercado, a la vista del público”.
Los gremios de artesanos se habían desarrollado a lo
largo de la Edad Media.
El artista, encuadrado en su correspondiente gremio, firmaba sus obras para dar
fe de que la había realizado siguiendo las exigencias del patrón del taller. La
firma era una especie de etiqueta de control de su trabajo y no una
identificación del artista.
Paralelamente a la labor de los gremios, que defendían
los intereses de los artistas, se crean las Academias. Estamos ya en el Siglo
XVI, precisamente llamado el Siglo de las Academias.
En estas instituciones se enseña, entre otras materias, perspectiva y anatomía
humana.
La separación de Academias y Gremios empieza a marcar
las diferencias entre artistas y artesanos. Se considera que la obra del
artista es la obra grandiosa que utiliza los nuevos lenguajes visuales basados
en la perspectiva y en el realismo de la anatomía humana.
Pero a las mujeres se les niega el acceso a las
Academias y, por lo tanto, a los estudios que le permitirían realizar esa obra
grandiosa llamada obra de artista. Se la relega al papel de artesana
No es extraño, pues, que De Vasari, considerado el
padre de la Historia del Arte, en su segunda versión de “Vidas de los
Artistas”, en 1568, nombre sólo a trece mujeres, calificándolas como
excepciones de la naturaleza.
Pero, pese a todos los condicionamientos sociales,
surgieron pintoras como Marietta Robusti.
Marietta Robusti nació hacia 1560,
y fue la hija primogénita de Jacobo Robusti. Tuvo el privilegio de trabajar
durante quince años, al menos, en el taller de su padre, que no era otro sino
el gran Tintoretto.Le llegaron
propuestas para trabajar en las Cortes de Maximiliano II de Austria y de Felipe
II de España, pero su padre le negó el permiso para salir de Italia. Por el
contrario, le buscó por esposo a Jacobo D’Augusta, síndico del gremio de
plateros de Venecia, a quien se prometió con la condición de que no saliera de
su casa. Murió de post-parto a los treinta años.
“Retrato de un anciano y un muchacho”
Este cuadro que estamos viendo, titulado “Retrato de
un anciano y un muchacho”, fue considerado uno de los más bellos retratos del
Tintoretto. En 1.920 se descubrió que estaba firmado con el monograma de
Marietta. Sus pinceladas son muy similares a las de su padre. En la actualidad
sólo se le atribuye esta obra, pero Carlo Ridolfi, historiador del Tintoretto,
considera que hizo también los retratos de todos los miembros del gremio de
plateros.
Hay que considerar que la genialidad atribuida al
Tintoretto está, en parte, basada en su “velocidad sobrehumana” para pintar; en
su superproducción. Hoy se estudia qué parte de esa genialidad debe atribuirse
a Marietta; qué cuadros de Marietta fueron firmados por el Tintoretto, por
aquello de la firma, que, por lo visto, los productos de marca no son cosa de
ahora.
Su figura no sólo fue valorada en su tiempo. Los
pintores románticos, como Leon Cogniet en su obra “Tintoretto retratando a su
hija muerta”, la utilizó de modelo. Otro tanto hicieron Karl Girardet y
Eleuterio Pagliano. También George Sand la incluyó en una de sus novelas.
Marietta fue una persona y una artista que se sintió
movida por las inquietudes culturales del Renacimiento. No sólo fue pintora,
sino que aprendió música y se preocupó de desarrollarse culturalmente. Pero al
final, resultó conocida, más que como pintora, en el pasivo papel de musa, que
es, como dije antes, el puesto que la historia del arte nos ha asignado hasta
este siglo.
Unas circunstancias muy diferentes rodearon a otra de
las grandes mujeres de la pintura:
Sofonisba Anguissola.
Nació en Cremona, en la Lombardía italiana, en 1.532
(1.540 para algunas fuentes), en el seno de una familia de la nobleza baja. Su
padre, Amilcare Anguissola, participaba de las ideas humanistas del
Renacimiento, que inculcó en sus siete hijos, seis de los cuales eran mujeres.
Envió a Sofonisba y a su hermana Elena a estudiar pintura con el profesor
Bernardino Campi. A su vez, Sofonisba fue profesora de su hermana Lucía y,
probablemente, también de su hermana Europa.
Amilcare fue lo que, en el lenguaje de hoy,
llamaríamos un marchante, un magnífico marchante, de su hija mayor: mantuvo
correspondencia con Miguel Ángel, a quien envió obras de Sofonisba. Tuvo
contactos con el Gobernador de Milán, por quien supo el Duque de Alba de
Sofonisba, hablándole de ella a Felipe II. Sofonisba estuvo en Madrid desde
1559 hasta 1580 como dama de compañía y profesora de pintura de Isabel de
Valois, tercera esposa de Felipe II.
En realidad, se sabe poco de la etapa española de
Sofonisba. Es posible que parte de su obra desapareciera en el incendio del
Palacio Real en el Siglo XVII. En Madrid mantuvo contactos con las mujeres
cultas de la Corte,
como la pintora, poetisa y música Isabel Sánchez Coello y la Princesa de Éboli.
Isabel de Valois, al morir, le deja tres mil ducados
para su dote y casamiento. Vuelve a Italia y se casa con un candidato buscado
por Felipe II: el noble Fabricio de Moncada, hermano del Virrey de Nápoles.
Enviuda y se vuelve a casar. Vive en Génova en medio de una gran popularidad.
Imparte clases y muere en Palermo sobre los 93 años. Había pintado durante más
de setenta y habían vivido de su arte ella y su familia.
Contribuyó al arte con la aportación del verismo y
naturalidad de su pintura.
Isabel de
Valois” 205 X 123 cms
Se puede
observar en este retrato de Isabel de Valois la naturalidad de la figura, el
dominio en el tratamiento de las telas, los encajes y las joyas, y la sobriedad
de su composición.
1. FELIPE
II 88 X 72
Este
retrato, pintado en 1565, es uno de los más conocidos y reproducidos de Felipe
II. Este cuadro, como el anterior de Isabel de Valois pueden verse en el Museo
del Prado.
En esta
época se queja en carta a B. Campi de no tener tiempo para pintar.
Sofonisba
Anguisola fue quien se hizo más autorretratos de toda la época renacentista.
¿Sería por falta de medios -es decir, de modelos- o por vanidad? También pudo
ser porque se puso de moda comprar autorretratos de pintores. El comprador tenía el orgullo de poseer una obra
de arte, junto con el artífice de la misma.
AUTORRETRATO 66 X 60cms. Col. Federico Zeri.
En este autorretrato la vemos pintando, ayudándose
de un tiento. Sus ojos son de mirada serena y penetrante. Su vestimenta es
austera, y no pierde el porte y la compostura.
La
espineta”
En este otro cuadro, parece ser que es ella misma,
tocando la espineta; sin embargo, otras fuentes sostienen que se trata de su
hermana Lucía, que murió joven, y quizás por eso hizo este retrato. La figura
que aparece al fondo puede ser un ama, y la volveremos a ver en “La Partida de Ajedrez”.
LA PARTIDA DE AJEDREZ
160x120 cms.
Se trata de un cuadro muy bello. Está bien resuelta la
perspectiva del tablero, y la profundidad del paisaje, muy perdido, poco
nítido, dando así la sensación de lejanía, que es una forma de perspectiva
pictórica. También contribuye a la sensación de profundidad el árbol de detrás
de las figuras.
Las manos, todo un reto para los pintores, están
resueltas con maestría.
Se considera que es la inventora de los retratos
familiares. “La Partida
de Ajedrez” y el cuadro que vamos a ver a continuación son una muestra.
Retrato
de Familia. Observese el fondo con el paisaje, que nos recuerda al de la Monna
Lisa de Leonardo da Vinci
Baldinucci, su primer biógrafo, dijo de ella a
mediados del siglo XIX que la pintura fue “il suo minore ornamento”, es decir,
que la condición artística de Sofonisba fue valorada como un añadido a sus
otras virtudes, propias de una dama del Renacimiento que se preciara: noble
cuna, recatada, discreta, bella, austera, etcétera, etcétera, etcétera... Es
razonable preguntarse: ¿fue tan inteligente que supo aprovechar todos esos
factores para poder expresarse? Lo que es indudable es que detrás de aquella
gran mujer hubo un gran padre, de quien recibió un notable impulso en sus
comienzos.
Os deseo un buen día. 3 julio 2026.